“Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.”
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Al senador por Minessota Andrew Volstead y a una serie de iluminados varios (desde predicadores y mujeres devotas hasta lideres sindicales), se les ocurrió la brillante idea de que cerrando los grifos de licor se terminaría con todos los males que aquejaban al país. Así, después de años de insistencia el Congreso de los Estados Unidos aprobó la enmienda XVIII y tras la ratificación de 36 estados se empezó a aplicar la prohibición de fabricar y vender alcohol, como ley federal a nivel nacional.
El resultado es ampliamente conocido por todos. Durante los 13 años en los que estuvo vigente la prohibición no solo no disminuyó el consumo de alcohol sino que según diversas fuentes se incrementó. La importación de licores y la fabricación clandestina favoreció el florecimiento de mafias y organizaciones criminales. La tasa de población reclusa aumentó drásticamente. El precio del licor se multiplicó por diez y debido a la falta de control y calidad en la elaboración del alcohol clandestino se reportaron múltiples casos de intoxicación, ceguera permanente y hasta muerte.
Así pues las puertas del infierno lejos de cerrarse, como creía el cándido senador, se tornaron mucho mas amplias. El resultado obtenido con la prohibición resultó ser el contrario del que se perseguía y finalmente en 1933 se aprobó la emmienda constitucional XXI, que derogó definitivamente la Ley Seca.
De los episodios históricos se pueden obtener valiosas lecciones. Es fácil extrapolar la prohibición de bebidas alcohólicas a la situación actual del cannabis en España. Si se tiene un mínimo conocimiento de la realidad social, se sabrá que a pesar de las prohibiciones existentes todo aquel que quiera consumir marihuana lo hará. ¿Si se legalizara su cultivo y distribución no se reduciría o extinguiría la criminalidad asociada a la venta ilegal ? ¿No se controlaría mejor la calidad de las substancias que al fin y al cabo se consumen igualmente? Incluso, ¿No se recaudarian mas impuestos?
Y es que prohibiendo no siempre se alcanza el fin deseado y legalizando no siempre se da el fin temido.

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